Lampião, figura emblemática del cangaço, suele ser retratado como un guerrero visionario, intrépido y astuto, pero esa imagen heroica ha sido cada vez más cuestionada por historiadores contemporáneos.
Virgulino Ferreira da Silva, el hombre detrás del mito, no solo organizó atracos y secuestros, sino que también fomentó un ambiente de violencia extrema, en el que los asesinatos se consideraban rituales y la tortura servía como forma de intimidación.

La narrativa que antes ensalzaba al cangaceiro como un justiciero romántico da paso a un análisis más sombrío, revelando su alianza con las élites locales y su conducta brutal, que se asemeja, en muchos aspectos, al comportamiento de los narcotraficantes actuales.
La complejidad de la figura de Lampião y del cangaço nos invita a una reflexión crítica sobre las desigualdades sociales y políticas del Brasil rural de principios del siglo XX.
Historiadores como Frederico Pernambucano de Mello y Élise Grunspan-Jasmin cuestionan la visión simplista del cangaceiro como héroe, presentando a un líder que se movía hábilmente por las estructuras de poder, aprovechando tanto la opresión como la violencia como estrategias de supervivencia y ascenso social.
Esta dualidad en la representación de Lampião nos lleva a reexaminar no solo su figura, sino también las condiciones que permitieron el surgimiento y la perpetuación del fenómeno del cangaço.

História de Lampião em Serra Talhada PE09:41

Museu do Cangaço em Serra Talhada PE05:15

História do Xaxado05:39
Historia y biografía de Lampião, dividida en apartados
- Lampião: ¿un guerrero visionario o un criminal despiadado?
- Lampião y el Cangaço: El surgimiento de los secuestros y la extorsión en el Sertão
- El libro «Lampião VP»
- Lampião: el estratega del cangaço y sus contradicciones
- La saga de Lampião: La historia del cangaço y sus contradicciones
- Las artimañas del cangaço: estrategias y técnicas para despistar a los enemigos
- El encuentro sorprendente: Padre Cícero y Lampião en Juazeiro do Norte
- Bonnie y Clyde del Sertão
1. Lampião: ¿Un guerrero visionario o un criminal despiadado?
Un guerrero visionario, intrépido e inteligente. Nadie niega las virtudes de Lampião. Sin embargo, los investigadores cuestionan el verdadero papel histórico de Virgulino Ferreira.
Los cangaceiros convertían el asesinato en un ritual macabro. La larga daga, de hasta 80 centímetros de longitud, se clavaba de un golpe certero en la base de la clavícula —la popular «jabonera»— de la víctima.
La hoja afilada cortaba la carne, seccionaba arterias, perforaba el pulmón, atravesaba el corazón y, al retirarla, provocaba un espectacular chorro de sangre. Era un policía o un delator menos en la caatinga, y un muerto más en el recuento del cangaço.
Cuando no mataban, se empeñaban en herir, mutilar y dejar cicatrices visibles, para que las huellas de la violencia sirvieran de ejemplo. Trazaban con el cuchillo profundas heridas en forma de cruz en la frente de los hombres y desfiguraban el rostro de las mujeres con un hierro candente utilizado para marcar el ganado.
Exactamente 70 años después de la muerte del principal líder del cangaço, Virgulino Ferreira da Silva, conocido como Lampião, el aura de heroísmo que durante algún tiempo se intentó atribuir a los cangaceiros da paso a una interpretación menos idealizada del fenómeno.
Una serie de libros, tesis y disertaciones académicas publicadas en los últimos años sostienen que no tiene sentido venerar el mito de un Lampião idealista, un revolucionario primitivo, insurgente contra la opresión del latifundio y la injusticia del sertão del noreste.
Virgulino no sería un justiciero romántico, un Robin Hood de la caatinga, sino más bien un criminal cruel y sanguinario, aliado de coroneles y grandes terratenientes.
Los historiadores, antropólogos y científicos sociales contemporáneos llegan a una conclusión nada halagüeña para la memoria del cangaço: en el Brasil rural de la primera mitad del siglo XX, la actuación de bandas como la de Lampião desempeñó un papel equivalente al de los narcotraficantes que hoy secuestran, asesinan y corrompen en las grandes metrópolis del país.
2. Lampião y el Cangaço: El surgimiento de los secuestros y la extorsión en el Sertão
- Introducción del secuestro: Los cangaceiros introdujeron el secuestro a gran escala en Brasil, tomando rehenes a cambio de dinero para financiar nuevos delitos. Si no recibían el rescate, torturaban y mataban a las víctimas. La extorsión era otra fuente de ingresos, con cartas en las que exigían sumas astronómicas a cambio de no asaltar ciudades ni incendiar casas.
- Violencia y corrupción: Implacables, dejaban huellas de violencia y corrompían a oficiales militares y autoridades civiles. Con un arsenal bélico siempre más moderno que el de las tropas que los combatían, la violencia de los cangaceiros reflejaba la desigualdad del Brasil rural de la primera mitad del siglo XX.
- Comparación con los narcotraficantes: La antropóloga Luitgarde Oliveira Cavalcanti Barros compara los métodos de los cangaceiros con los de los narcotraficantes actuales, y destaca que tanto en el sertão como en las favelas, la población honrada vive bajo el terror que imponen los delincuentes.
- Ascenso social: Unirse al cangaço suponía una forma de ascenso social para los jóvenes de la caatinga, ya que les ofrecía la posibilidad de una vida llena de aventuras y dinero fácil. El cangaço, cuyos precursores se remontan al siglo XVIII, encontró en Virgulino Ferreira da Silva, alias Lampião, a su máximo líder entre 1920 y 1938.
- Origen del cangaço: El origen del cangaço se remonta a las bandas armadas que actuaban en el violento sertão del noreste. Lampião destacó por sus tácticas estratégicas y por contar con una amplia red de coiteiros, lo que garantizó la longevidad de su carrera y su dominio en varios estados del noreste.
Controversias sobre Lampião: Persisten las divergencias sobre la figura de Lampião. ¿Era un demonio o un héroe?
Los investigadores y los antiguos cangaceiros presentan puntos de vista contrapuestos, y las narrativas que rodean su figura se entrelazan con la historia del cangaço, lo que hace difícil separar al hombre de la leyenda. Esta multiplicidad de perspectivas y versiones es lo que contribuye a su dimensión como mito.
3. El libro «Lampião VP»
El libro Lampião VP, publicado recientemente en Francia por Jack de Witte, promete avivar el debate sobre la figura de Lampião, el «Rey del Cangaço» , al compararlo con el traficante de Río de Janeiro Marcinho VP, protagonista del libro-reportaje Abusado de Caco Barcelos.
De Witte sostiene que la violencia de las favelas y del cangaço tiene causas similares, como la miseria, la injusticia social, la corrupción policial y la política.
Sin embargo, el historiador Jayme Pinsky, de la Unicamp, advierte de que esta comparación puede caer en un anacronismo —el análisis de períodos históricos diferentes basándose en conceptos contemporáneos—, lo que distorsiona la comprensión de los hechos.
El concepto de «bandido social», formulado por el historiador inglés Eric Hobsbawm en su libro Bandidos (1975), se ha aplicado con frecuencia a Lampião, comparándolo con figuras como Robin Hood y Jesse James, quienes, según Hobsbawm, actuaban como defensores de los oprimidos en sociedades agrarias en transición hacia el capitalismo.
- La imagen de Lampião como revolucionario comenzó a forjarse en 1935, cuando la Alianza Nacional Libertadora lo citó como fuente de inspiración política.
- En 1963, Rui Facó, en el clásico Cangaceiros e Fanáticos, justificó la violencia del cangaço como una respuesta a la opresión social, una visión compartida en aquella época por figuras como el diputado Francisco Julião, quien consideraba a Lampião un luchador contra el latifundio.
Sin embargo, estudiosos como Élise Grunspan-Jasmin y Frederico Pernambucano de Mello refutan esta visión romántica.
- Para Mello, Lampião no buscaba la justicia social, sino el beneficio personal.
- También destaca la relación entre los cangaceiros y los coroneles, quienes, en lugar de ser rivales, a menudo colaboraban entre sí. Coroneles poderosos, como Petronilo de Alcântara Reis y Eronildes de Carvalho (futuro gobernador de Alagoas), proporcionaban armas y protección a Lampião, mientras que el cangaceiro ofrecía servicios de milicia a cambio.
Esta complejidad histórica pone de manifiesto que, lejos de ser simplemente un defensor de los pobres, Lampião se movía con destreza por el panorama político y social de su época, manteniendo alianzas con las élites conservadoras.
4. Lampião: el estratega del cangaço y sus contradicciones
- Refutación de la idea de la venganza: La idea de que Lampião fuera un vengador fue refutada por el historiador Frederico Pernambucano de Mello. Este señala que, en casi dos décadas de cangaço, Lampião no se preocupó por vengar directamente la muerte de su padre, supuestamente causada por Lucena y Saturnino.
- Gestos de paz: Mello cuenta que Miguel Feitosa, conocido como Medalha y uno de los hombres de confianza de Lampião, mencionó que Saturnino había enviado un uniforme y un trozo de tela como gesto de paz, lo cual fue aceptado por Lampião. Cuando un aliado propuso matar a Lucena, Lampião respondió que esos asuntos ya eran cosa del pasado.
- Escudos éticos: Mello sostiene que el discurso de la venganza personal y los actos de caridad se utilizaban como «escudos éticos» para justificar los actos de bandolerismo, lo que confería un halo de legitimidad a las acciones de los cangaceiros.
- Sentido de pertenencia: La vida en el cangaço, a pesar de ser dura, creaba un sentido de pertenencia y orgullo entre los bandidos, lo que dificultaba que abandonaran los grupos. Esto también se reflejaba en la forma de vestir de los cangaceiros, que adoptaban atuendos extravagantes, con bordados y adornos que se convirtieron en símbolos de estatus.
- Conciencia de la imagen: Lampião era muy consciente de su imagen pública y utilizaba su aspecto y sus frecuentes apariciones en los medios de comunicación, incluidas fotos y vídeos, como herramientas de autopromoción.
- Comparación con los traficantes: Esta preocupación por la imagen es comparable a la ostentación visual de los narcotraficantes actuales, tal y como sugiere la antropóloga Luitgarde Barros, quien observa similitudes en el uso de símbolos de poder, como capuchas y tatuajes de calaveras.
- Paralelismos con la violencia policial: La violencia policial que oprimía a los cangaceiros también encuentra un paralelismo en el trato brutal al que se enfrentan hoy en día las favelas controladas por el tráfico de drogas. Las patrullas, tropas policiales encargadas de dar caza a los cangaceiros, actuaban con la misma brutalidad que los bandidos, confundiendo a menudo a ambos grupos, que vestían de forma similar y, en algunos casos, cambiaban de bando.
- El fin de Lampião: El final de Virgulino Ferreira, alias Lampião, siguió el violento destino de muchos delincuentes. En 1938, fue traicionado por Pedro de Cândida, uno de sus secuaces, quien fue torturado por la policía hasta que reveló el escondite de la banda en la Grota do Angico, en Sergipe.
- Muerte y legado: Tras una breve batalla de 15 minutos, Lampião, María Bonita y otros nueve cangaceiros fueron asesinados, y sus cuerpos decapitados por las fuerzas del teniente José Bezerra. Las cabezas de Lampião y María Bonita fueron exhibidas como trofeos y permanecieron sin enterrar hasta 1969, cuando, a petición de sus familiares, fueron finalmente enterradas, poniendo fin a uno de los capítulos más destacados de la historia del cangaço en Brasil.

5. La saga de Lampião: la historia del cangaço y sus contradicciones
Principales eventos
- 1898: Nacimiento de Virgulino Ferreira da Silva, el futuro Lampião, en Serra Talhada, Pernambuco.
- 1915: Comienzo de la rivalidad entre la familia Ferreira y la familia de José Saturnino.
- 1920: Fallecimiento del padre de Lampião, José Ferreira. Virgulino y sus hermanos se unen al cangaço.
- 1922: Lampião asume el mando de la banda tras la marcha de Sinhô Pereira y comienza a cometer atracos.
- 1926: Recibe el nombramiento simbólico de capitán de manos del padre Cícero y es llamado a filas para combatir a la Columna Prestes.
- 1927: Ataque frustrado contra la ciudad de Mossoró, en Rio Grande do Norte, considerado una de sus mayores derrotas.
- 1929: Encuentro con María Bonita, que se convertiría en su compañera en el cangaço.
- 1930: María Bonita se une oficialmente a la banda, lo que marca la presencia femenina entre los cangaceiros.
- 1932: Nacimiento de Expedita, hija de Lampião y María Bonita.
- 1936: El cineasta Benjamin Abraão rueda una película sobre Lampião y su banda, captando escenas poco comunes de la vida cotidiana de los cangaceiros.
- 1938: Lampião, Maria Bonita y parte de su banda mueren en una emboscada en la Grota do Angico, en Sergipe.

La historia de Lampião sigue fascinando y suscitando debates sobre su figura, ya que algunos lo describen como un «héroe social» y otros como un simple bandido.
El cangaço, como movimiento, fue un fenómeno vinculado a las condiciones sociales y políticas de la región del Nordeste, especialmente a las disputas de poder, la desigualdad social y la ausencia de un Estado centralizado.
6. Las artimañas del cangaço: estrategias y técnicas para despistar a los enemigos
Aunque resulte impreciso clasificar a los cangaceiros como guerrilleros —puesto que no tenían un objetivo político definido—, es innegable que adoptaron tácticas típicas de la guerrilla. Adaptados a la vida en la caatinga, se convirtieron en adversarios difíciles para la policía, especialmente para las unidades enviadas desde las ciudades con la misión de combatirlos en el sertão.
Ofensivas ágiles
- Ataques rápidos: Una de las principales dificultades a la hora de enfrentarse a ellos era su preferencia por los ataques rápidos y feroces, que pillaban al enemigo por sorpresa. Además, no dudaban en huir cuando se veían acorralados. Esa retirada, a menudo interpretada como cobardía, era, en realidad, una astuta estrategia de los cangaceiros, que les permitía conservar sus fuerzas y seguir actuando en un entorno hostil.
Tropa de élite
- Pequeñas bandas: Las bandas eran siempre pequeñas, con un máximo de entre 10 y 15 hombres. Esto garantizaba la movilidad necesaria para llevar a cabo ataques por sorpresa y retirarse rápidamente en situaciones de peligro.
En plena noche
- Desplazamiento a pie: En lugar de desplazarse a caballo por caminos y senderos conocidos por la policía, recorrían largas distancias a pie, preferiblemente por la noche.
- Sabotaje: Para impedir que se abrieran nuevas vías de acceso al sertón, asesinaban a los trabajadores de las obras de carreteras y ferrocarriles.
Los utensilios
- Pertenencias colgadas: El cangaceiro llevaba todas sus pertenencias colgadas del cuerpo.
- Almacén secreto: Como no podían llevar mucho equipaje, guardaban el dinero y la comida en vasijas enterradas en el suelo, para recuperarlas más tarde.
Zorras del desierto
- Ocultar las huellas: Los cangaceiros eran maestros a la hora de ocultar sus huellas.
Algunos trucos consistían en
- Llevaban las sandalias al revés, para que la policía pensara que iban en dirección contraria.
- Caminar en fila india, de espaldas, pisando las mismas huellas y borrándolas con hojas.
- Saltar sobre una losa, dando la impresión de desaparecer en el aire.
Peso muerto
- Prisioneros excepcionales: Salvo en el caso de los secuestrados, casi nunca tomaban prisioneros en combate, ya que esto les impedía moverse con rapidez. Tampoco se llevaban consigo a compañeros heridos o con dificultades para desplazarse.
Resolución de conflictos en el Bando
- Resolución de conflictos: Para resolver las desavenencias internas de la banda, Lampião siempre planeaba un gran ataque. Todos los miembros del grupo se unían contra el enemigo, dejando a un lado sus diferencias entre ellos.
Los infiltrados
- Coiteiros: A quienes daban cobijo y refugio a los cangaceiros se les llamaba «coiteiros» y actuaban a cambio de dinero, protección armada o incluso por miedo. A los coiteiros que traicionaban la confianza se les mataba para que sirvieran de ejemplo.
Ruta de huida
- Áreas de actuación: Las principales áreas de actuación del cangaço se encontraban cerca de las fronteras estatales. En caso de persecución, podían cruzarlas para ponerse a salvo de los ataques de la policía local.
Fuego amigo y enemigo
- Regla fundamental: Durante los combates, había una regla fundamental: en caso de retirada, nunca dejar armas al enemigo; en caso de victoria, apoderarse de su arsenal.
7. El encuentro inesperado: el padre Cícero y Lampião en Juazeiro do Norte
La noche en que el padre Cícero conversó con Lampião quedó grabada como un encuentro insólito entre dos de los mayores mitos de la historia del Nordeste.
Una tercera figura mitológica, Luís Carlos Prestes, comandante de la Columna Prestes, también desempeñó un papel en ese encuentro. Desde el año anterior, esa campaña militar guerrillera se abría paso por el interior del país, enfrentándose a las tropas del presidente Artur Bernardes.
Ante el avance de la columna revolucionaria hacia el noreste, el Gobierno federal decidió convocar a los líderes políticos locales para que formaran sus propios ejércitos y combatieran a los rebeldes.
El general Góes Monteiro, jefe del Estado Mayor de las operaciones contra la Columna, reconoció que la idea de reclutar a los «jagunços» y a los «cangaceiros» partió de él.
En Ceará, el diputado Floro Bartolomeu, aliado político de Padre Cícero, extendió una invitación oficial a la banda de Lampião para que se alistara en el «Batallón Patriótico».
En febrero de 1926, el padre Cícero intentó una solución pacífica enviando una carta a los revolucionarios en la que les instaba a deponer las armas, prometiéndoles refugio en Juazeiro do Norte y garantías legales de un trato justo. Lourenço Moreira Lima, secretario de la Columna, anotó en su diario que el mensaje revelaba el sincero deseo del padre de hacer las paces.
Sin embargo, la petición fue ignorada. Cuando Lampião llegó a Juazeiro do Norte el 4 de marzo, Floro Bartolomeu ya se había marchado a Río de Janeiro, donde acabaría falleciendo.
El padre Cícero se vio entonces ante el reto de recibir al famoso bandido y cumplir lo acordado.
Lampião y otros 49 cangaceiros ocuparon una casa cercana a la finca de Floro y se alojaron en Juazeiro do Norte, donde Virgulino lanzó monedas a la gente desde la ventana.
Durante la madrugada, el padre Cícero se encontró con la banda e intentó convencer a Lampião de que abandonara el cangaço tras la campaña contra Prestes.
Para formalizar la situación, llamó al único funcionario federal disponible en la ciudad, el agrónomo Pedro de Albuquerque Uchoa, para que redactara un documento que garantizara el salvoconducto a la banda y la patente prometida.
Sin embargo, Lampião se dio cuenta enseguida de que el documento carecía de validez legal, pero eso no le impidió firmar como «Capitán Virgulino».
De este modo, el cangaceiro consiguió dinero y armas suficientes para seguir su camino, luciendo ahora con orgullo la falsa insignia militar.
Más tarde, Uchoa justificó su participación en el episodio diciendo que, ante Lampião, habría firmado cualquier cosa: «Incluso la destitución del presidente de la República», afirmó.
8. Bonnie y Clyde del Sertão
El amor entre María Bonita y Lampião provocó una revolución en la vida cotidiana de los cangaceiros. Una mujer del sertão, María Gomes de Oliveira, conocida como María Déa, ablandó el corazón de piedra del Rey del Cangaço. Separada de su marido, el zapatero José Miguel da Silva, fue la primera mujer en adentrarse en el cangaço.
Antes que ella, otros bandoleros tenían mujeres e hijos, pero ninguna se había atrevido a seguir a su compañero en la vida errante de la caatinga.
El primer encuentro entre María y Lampião tuvo lugar en 1929, en Malhada de Caiçara (BA), en casa de los padres de María, que por entonces tenía solo 17 años y era sobrina de uno de los hombres de confianza de Virgulino. Al año siguiente, la joven abandonó a su familia para irse a vivir con el hombre al que amaba.
Cuando la noticia llegó al viejo maestro de Lampião, Sinhô Pereira, le extrañó. Nunca había permitido la presencia de mujeres en su banda, ya que creía que eso traería discordia y celos. Sin embargo, tras la llegada de María, en 1930, muchos cangaceiros siguieron su ejemplo.
En el cangaço las mujeres no cocinaban ni lavaban la ropa y, como nadie tenía casa, no tenían obligaciones domésticas. Las tareas de cocinar y lavar recaían en los hombres, y ellas se limitaban a hacer compañía a sus parejas.
Los hijos que nacían eran entregados a nodrizas para que los criaran. Lampião y María tuvieron una hija, Expedita, nacida en 1932. El primogénito de la pareja, sin embargo, nació muerto en 1930. La infidelidad se castigaba según el concepto de honor de la caatinga: el cangaceiro Zé Baiano mató a su mujer, Lídia, al descubrir su traición, y Moita Brava asesinó a su compañera Lili por su romance con el cabra Pó Corante.
La llegada de las mujeres coincidió con el periodo de decadencia del cangaço. Desde que María Bonita empezó a acompañar a Lampião, la vida nómada del cangaceiro cambió, con períodos de descanso más prolongados, especialmente en Sergipe. La influencia de María sobre Lampião era evidente. El investigador Pernambucano de Mello afirmó: «Lampião se mostraba muy cambiado. Su agresividad se disipaba en los brazos de Maria Déa».
Fue en uno de esos momentos de respiro en el sertón de Sergipe cuando Lampião fue sorprendido y asesinado en la Grota do Angico, en 1938, tras una batalla contra las tropas del teniente José Bezerra. Se cuenta que, cuando le cortaron la cabeza, María Bonita estaba herida, pero aún con vida.
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