Expedición portuguesa a Brasil de 1503: descubrimientos, controversias y consecuencias.
Varias fuentes impresas y manuscritas de principios del siglo XVI —muchas de ellas atribuidas a Américo Vespucio— describen una segunda expedición portuguesa a Brasil entre 1503 y 1504, en la que habría participado el navegante florentino.
Estas narrativas han sido aceptadas por varios historiadores, pero no todas son consensuadas.
Expedição Portuguesa ao Brasil de 1503
Carta dudosa a Soderini
La Lettera a Soderini es una carta atribuida a Vesúcio dirigida a Piero Soderini en la que describe sus viajes al Nuevo Mundo. Su veracidad es dudosa, por lo que los historiadores la utilizan con cautela.
Según esta carta, seis barcos zarparon de Lisboa el 10 de junio de 1503 y, dos meses después, llegaron a una isla que hoy se conoce como Fernando de Noronha.
El buque insignia se perdió y dos barcos se separaron de la flota.
Estos dos, comandados por Vespucio, habrían seguido hacia la bahía de Todos los Santos y Cabo Frío, donde cargaron palo de Brasil e instalaron una factoría fortificada para intercambiar la madera por mercancías con los indígenas.
Dejaron a 24 hombres y, tras explorar brevemente el interior, regresaron a Portugal al año siguiente.

2. Otras versiones y mando de la expedición.
Otras fuentes señalan a Gonçalo Coelho, escribano de la Hacienda Real, como comandante de la expedición.
Según algunas interpretaciones históricas, los barcos restantes habrían llegado a Río de Janeiro, donde se habría establecido una factoría primitiva para comerciar con el palo de Brasil, antes de regresar al Reino.
3. Documentación y certezas
La participación directa de Vespucio en este viaje no está documentada. No obstante, se sabe que los relatos de la época a menudo fueron modificados y embellecidos debido al gran interés público que suscitaban las narraciones de viajes.
4. Arrendamiento del palo de Brasil y actuación de Fernão de Noronha.
En la exploración realizada entre 1501 y 1502 se constató la existencia de palo de Brasil.
Debido a su uso en la industria de las pinturas, Portugal arrendó la extracción a comerciantes de Lisboa, quienes también se encargaron de explotar la costa de la Tierra de Santa Cruz (nombre que don Manuel I dio a la región, antes llamada Vera Cruz), fundando factorías fortificadas.
Uno de los arrendatarios, el cristiano nuevo Fernão de Noronha (también conocido como Loronha), organizó una flota que llegó a Brasil en 1503, ya fuera por cuenta propia o en asociación con otros mercaderes.
Detalles como el número de barcos, las fechas exactas de salida y llegada, el puerto de desembarque y los eventos específicos siguen siendo inciertos.
Sin embargo, se sabe que, como consecuencia de este viaje, el 16 de enero de 1504 Dom Manuel I donó a Fernão de Noronha la isla de São João, descrita como «encontrada y descubierta a cincuenta leguas en el mar de nuestra tierra de Santa Cruz».
En la actualidad, la isla de São João se conoce como Fernando de Noronha, la isla principal del archipiélago homónimo.
Esta donación dio origen a la primera capitanía hereditaria de Brasil, que pasó a identificarse con el nombre del donatario.

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