La prioridad portuguesa y la intencionalidad del descubrimiento de Brasil por parte de Cabral.
Algunos historiadores discuten si los marineros españoles fueron los primeros en avistar las tierras de Brasil o si los portugueses los precedieron en el descubrimiento.
Los escritores franceses llegaron a alegar, sin ningún tipo de apoyo documental, una precedencia francesa relativa al viaje de un tal Jean Cousin en 1488.
Sin embargo, sus argumentos fueron completamente invalidados por los brasileños Ramiz Galvão y Capistrano de Abreu.
También se discute si el descubrimiento cabralino fue casual o intencionado, es decir, si ocurrió por casualidad o intencionadamente. En este último caso, solo se habría tenido en cuenta la posesión oficial de una tierra que ya era conocida por los portugueses.
Antes de analizar los argumentos relativos a la hipotética prioridad portuguesa en el descubrimiento y a la cuestión de la intencionalidad en la llegada de Cabral, conviene establecer la siguiente premisa:
En el contexto general de la historia de los descubrimientos marítimos de finales del siglo XV, la llegada de españoles y portugueses al territorio que hoy es Brasil en 1500 constituye, en el primer caso, un simple episodio de la fase de exploración del continente americano, y, en el segundo, el aprovechamiento, al margen de la exploración de la recién descubierta ruta de la India, de la concesión obtenida deliberadamente en las negociaciones del anterior Tratado de Tordesillas.
Por tanto, cuando Vicente Yáñez Pinzón y Diogo de Lepe llegaron a la costa noreste en los primeros meses de ese año, lo hicieron por casualidad.
Y, cuando en abril Pedro Álvarez Cabral, tras llegar a la supuesta Isla de la Vera Cruz, tomó posesión de ella y se lo comunicó al rey Don Manuel I, estaba poniendo en práctica un punto esencial de la política expansionista portuguesa: asegurar a su país el derecho a una parte del Nuevo Mundo.
Este es el significado positivo de los hechos, sin entrar a discutir la legitimidad de la anticipación de los castellanos y la prioridad, intencionalidad o casualidad del descubrimiento portugués.

1. La cuestión de la prioridad.
Prioridade e intencionalidade no descobrimento do Brasil de 1500
En 1852, en el Instituto Histórico y Geográfico Brasileño, Joaquim Norberto de Sousa e Silva planteó la hipótesis de que el descubrimiento de Brasil por parte de Cabral no fue una mera casualidad, sino la consecuencia de que los portugueses ya conocían la existencia de este territorio.
Se basaba principalmente en un oscuro fragmento de la carta que el bachiller maestro João escribió desde Porto Seguro al rey Don Manuel I, en la que el físico y cirujano de Su Alteza decía: «En cuanto a la ubicación de esta tierra, que Su Alteza ordene traer el mapamundi que tiene Pêro Vaz Bisagudo, y así podrá ver su ubicación; pero ese mapamundi no certifica si esta tierra está habitada o no, es un mapamundi antiguo y en él encontrará también escrita la Mina».
Por desgracia, nunca se encontró dicho mapa.
Antônio Gonçalves Dias contestó posteriormente y defendió la tesis del azar basándose en la carta en la que Don Manuel comunicó el descubrimiento, que declaró «milagrosamente realizado», a los reyes de España.
En esta misiva, sin embargo, se decía que Cabral «llegó a una tierra que volvió a descubrir», y esta expresión se ha interpretado como si ya hubiera sido conocida anteriormente, aunque en aquella época «volvió» significaba «recientemente», hace poco tiempo, y no «de nuevo».
Otro argumento que apoyaba la hipótesis de la llegada de portugueses a Brasil antes de Cabral apareció en la discusión.
En Esmeraldo de Situ Orbis, de Duarte Pacheco Pereira, escrito entre 1505 y 1508, se afirma que, en el tercer año del reinado de Don Manuel (es decir, en 1498), el rey ordenó «descubrir la parte occidental, pasando más allá de la grandeza del mar Océano, donde se encuentra y se navega una tierra firme tan grande, con muchas y grandes islas adyacentes a ella», que se extiende desde el ecuador hasta el paralelo 70° norte y, en sentido opuesto, hasta el paralelo 2.8° Sur, donde se encontraba «mucho y fino Brasil».

Tras estudiar el caso, Capistrano de Abreu concluyó que el primer fragmento se refiere a un viaje al hemisferio norte y que Duarte Pacheco probablemente fue con uno de los hermanos Corte-Real a Canadá y Terranova.
En cuanto a la continentalidad de América y la existencia de pau-brasil al sur de la línea ecuatorial, ya eran datos conocidos en la época en que se escribió Esmeraldo.
Ante la incertidumbre de estos datos, el historiador portugués Abel Fontoura da Costa se limitó a admitir que, antes del viaje de Cabral, Dom Manuel y sus técnicos ya sospechaban de la existencia de una tierra firme al oeste del Atlántico Sur.
Debía proceder realmente de don Juan II, que la habría conocido poco antes de arrancar el famoso Tratado de Tordesillas a los Reyes Católicos.
De hecho, si no hubiera sido así, los portugueses no habrían aceptado la cláusula que establecía la posibilidad de que las tierras situadas a 250 leguas más allá de las islas de Cabo Verde quedaran para España, en caso de que Colón las alcanzara antes del 20 de junio de 1494.
La aceptación de esta condición dependía de que se supiera de antemano que no iba a perjudicar las pretensiones portuguesas. Y esto solo sería posible con el conocimiento, aunque fuera aproximado, de las distancias a las que se encontraban las tierras de América.

2. La cuestión de la intencionalidad.
En cuanto a la intencionalidad de la llegada de Cabral a Brasil, derivada del conocimiento previo, aunque hasta entonces secreto, por parte de los portugueses, conviene señalar, en primer lugar, que la hipótesis no se basa en ninguna referencia de las Instrucciones traídas por el capitán mayor, ni en el texto de la carta de Pêro Vaz de Caminha u otras fuentes contemporáneas.
Es cierto que las mencionadas Instrucciones habían recomendado que la flota de Cabral se alejara tanto como pudiera de África en las proximidades de Guinea, con el fin de evitar sus conocidas calmarias.
Sin embargo, el cumplimiento de esta sencilla indicación no habría influido en el descubrimiento de Brasil, cuyas costas no fueron avistadas ni siquiera por Vasco da Gama, quien, a diecinueve días de viaje de las islas de Cabo Verde, avistó «muchas aves parecidas a garzas, y cuando llegó la noche volaban hacia el suroeste con gran fuerza, como aves que se dirigían a tierra».
Sabiendo que algunas islas del archipiélago de Azores habían sido descubiertas porque los navegantes habían seguido el vuelo de ciertas aves marinas, se deduce que lo mismo podría haber ocurrido con Gama en Brasil, si hubiera querido desviarse un poco de su ruta.
Aunque no aportó certeza sobre el conocimiento precolombino de nuestra tierra, contribuyó, al menos, a fortalecer esa sospecha y fue mencionado por Camões en Las Lusíadas, a propósito de ese primer viaje directo a la India.
En la carta de Pero Vaz de Caminha solo se encontró un argumento que, en principio, parecía favorecer la tesis de la intencionalidad.
Es cuando dice, tras mencionar la desaparición del barco de Vasco de Ataíde: «Y así seguimos nuestro camino por este mar de largo».
Los historiadores portugueses Rafael Eduardo de Azevedo Basto y Faustino da Fonseca quisieron ver en ello una prueba de que los navegantes conocían la ruta hacia Brasil.
Sin duda conocían la ruta hacia la India, que pasaba por las costas brasileñas, ya que ya no se navegaba al azar.
Sin embargo, de esa simple indicación no se puede deducir que la flota se dirigiera deliberadamente hacia Brasil.
Duarte Pacheco Pereira explicó la navegación «de largo» en los siguientes términos en Esmeraldo de Situ Orbis: «Todo barco que se encuentre en Cabo Verde y tenga que ir a la India, si el viento le es favorable, debe seguir el camino del sur seiscientas leguas, al final de las cuales, si verdaderamente las ha recorrido, estará a diecinueve grados de latitud del círculo ecuatorial contra el polo antártico; y habrá desde dicho barco , ochocientas cincuenta leguas hasta el cabo de Buena Esperanza».
Se sabe que la flota de Cabral, según los cálculos de sus pilotos, navegó desde Cabo Verde hasta Porto Seguro, 660 o 670 leguas, encontrándose entonces a 17° de latitud sur, aproximadamente.
Cualquier argumento a favor de la intencionalidad, basado en la carta de Caminha, contradice la sorpresa revelada en la noticia sobre la reunión del consejo de capitanes con el capitán mayor, con el fin de deliberar sobre el regreso de uno de los barcos a Portugal, el desembarco de degradados, etc. Todo ello demuestra que los recién llegados no sabían nada de la nueva tierra.
En resumen, aunque hay indicios de intencionalidad en el descubrimiento cabralino, basados principalmente en la probabilidad de que existiera un conocimiento o sospecha previa de la existencia de tierras a orillas del Atlántico Sur, hasta ahora no hay pruebas suficientes, ni de la supuesta prioridad de un descubrimiento portugués de Brasil, ni de la intencionalidad del viaje de 1500.
Esta afirmación, sin embargo, no implica la aceptación de la tesis ya obsoleta que sostiene que el descubrimiento de Brasil se produjo por mero azar.
Pedro Álvarez Cabral no llegó a Brasil por un simple desvío de ruta.
En su época ya no se navegaba sin rumbos prefijados.
En este caso, había estudios previos, embarcaciones e instrumentos apropiados, así como personal marítimo con experiencia, por lo que no se puede aceptar la hipótesis de un error tan grave.

Este post também está disponível em:
Português
English
Deutsch
Español
Français













